El mal de ojo es el fascinum. Su efecto es detener el movimiento y matar la vida es, precisamente, una de las dimensiones en las que se ejerce directamente el poder de la mirada.
El fantasma es el soporte del deseo, no el objeto. Es un señuelo narcisista.
Lo esencial en la función del deseo es liberar el espectro. Si el sujeto hace del deseo una voluntad ajena se cierra.
Se trata de despojar al mal de ojo de la mirada para conjurarlo.











